Keny

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Aunque las definiciones populares de inteligencia hacen hincapié en los aspectos cognitivos, tales como la memoria y la capacidad para resolver problemas, varios investigadores influyentes en el ámbito del estudio de la inteligencia comenzaron a reconocer hace tiempo la importancia de los aspectos no cognitivos. Robert L. Thorndike, en 1920, utilizó el término inteligencia social para describir la habilidad de comprender y motivar a otras personas. En 1940, David Wechsler describió la influencia de factores no intelectivos sobre el comportamiento inteligente y sostuvo, además, que los tests de inteligencia no serían completos hasta que no se pudieran describir adecuadamente estos factores.

Desafortunadamente, el trabajo de estos pioneros pasó desapercibido durante mucho tiempo hasta que, en 1983, Howard Gardner, en su libro “Inteligencias múltiples: la teoría en la práctica”, introdujo la idea de que los indicadores de inteligencia, como el cociente intelectual, no explican plenamente la capacidad cognitiva, porque no tienen en cuenta ni la “inteligencia interpersonal” (la capacidad para comprender las intenciones, motivaciones y deseos de otras personas) ni la “inteligencia intrapersonal” (la capacidad para comprenderse uno mismo, apreciar los sentimientos, temores y motivaciones propios).

El primer uso del término inteligencia emocional generalmente es atribuido a Wayne Payne, citado en su tesis doctoral Un estudio de las emociones: el desarrollo de la inteligencia emocional (1985). Sin embargo, esta expresión ya había aparecido antes en textos de Beldoch (1964), y Leuner (1966). Stanley Greenspan también propuso un modelo de inteligencia emocional en 1989, al igual que Peter Salovey y John D. Mayer.

La relevancia de las emociones en el mundo laboral y la investigación sobre el tema siguió ganando impulso, pero no fue hasta la publicación en 1995 del célebre libro de Daniel Goleman, “Inteligencia emocional”, cuando se popularizó. En ese año, la revista "Time" fue el primer medio de comunicación de masas interesado en la IE que publicó un relevante artículo de Nancy Gibbs sobre el texto de Goleman.

El éxito de ventas del libro de Goleman aumentó la difusión popular del término inteligencia emocional hasta límites insospechados, haciéndose muy popular en forma de artículos en periódicos y revistas, tiras cómicas,programas educativos, cursos de formación para empresas, juguetes, o resúmenes divulgativos de los propios libros de Goleman.

 

Imagen esquemática del cerebro.

Para comprender el gran poder de las emociones sobre la mente pensante —y la causa del frecuente conflicto existente entre los sentimientos y la razón— debemos considerar la forma en que ha evolucionado el cerebro.

La región más primitiva del cerebro es el tronco encefálico, que regula las funciones vitales básicas, como la respiración o el metabolismo, y lo compartimos con todas aquellas especies que disponen de sistema nervioso, aunque sea muy rudimentario. De este cerebro primitivo emergieron los centros emocionales que, millones de años más tarde, dieron lugar al cerebro pensante: el neocórtex. El hecho de que el cerebro emocional sea muy anterior al racional y que éste sea una derivación de aquél, revela con claridad las auténticas relaciones existentes entre el pensamiento y el sentimiento.

El neocórtex permite un aumento de la sutileza y la complejidad de la vida emocional, aunque no gobierna la totalidad de la vida emocional porque, en estos asuntos, delega su cometido en el sistema límbico. Esto es lo que confiere a los centros de la emoción un poder extraordinario para influir en el funcionamiento global del cerebro, incluyendo a los centros del pensamiento.

Fuente wikipedia

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso, o recuerdo importante. Psicológicamente, las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas guía de respuestas del individuo y activan redes asociativas relevantes en la memoriaFisiológicamente, las emociones organizan rápidamente las respuestas de distintos sistemas biológicos, incluidas las expresiones faciales, los músculos, la voz, la actividad del SNA y la del sistema endocrino, a fin de establecer un medio interno óptimo para el comportamiento más efectivo.

Conductualmente, las emociones sirven para establecer nuestra posición con respecto a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos, acciones, ideas y nos alejan de otros. Las emociones actúan también como depósito de influencias innatas y aprendidas, y poseen ciertas características invariables y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y culturas (Levenson, 1994).

La libertad va unida a la responsabilidad con nosotros mismos.
Esta responsabilidad, asumida y llevada de forma apropiada es un camino a la libertad. 
Siempre hemos dado a la palabra libertad cognotaciones positivas. Consideramos que una vez llegado al punto de "Libertad" nuestra vida estará desprovista de esfuerzo y sufrimiento. Que podremos hacer cuánto y cuándo nos plazca. La palabra "responsabilidad" sin embargo nos sugiere todo lo contrario.

Para entender mejor la aparente paradoja de la unión entre estos dos conceptos focalicemos en qué es pues "libertad" en el contexto que nos atrapa...
Tanto a nivel micro en tu vida diariaria, como a nivel macro en el rumbo de tu vida en general, "libertad" inspira que puedes en todo momento elegir: dónde ir, qué hacer, con quien lo quieres compartir, en qué momento y que te sentirás bien haciéndolo.
Fijémonos en el párrafo anterior en la palabra "elegir". Para llegar a ser felices y sentirnos bien es necesario elegirlo... Y ahí entra nuestra responsabilidad con nosotros mismos. La libertad no nos es dada, no es algo que el destino nos regala de forma caprichosa y te toca o no... Nosotros somos los que la escogemos a cada instante, con cada elección.

Todos damos por echo que la libertad nos hará sentirnos felices, y asi será, aunque no todos seamos conscientes del mecanismo para llegar a ello. Poder expresarnos como y quien somos, en cada momento, es la culminación de la libertad y aporta un estado de gran plenitud. Es el fruto del recorrido que hace nuestra inteligencia emocional hacia la madurez. Pero para llegar ahí hemos de asumir que la responsabilidad es nuestra.

Elijamos pues, con responsabilidad hacia nosotros mismos, sentirnos felices y libres

Hemos llegado a un punto en nuestra historia evolutiva en la que toca prestar atención a la libertad que tenemos de “elegir” conscientemente. El cambio es tan constante y vertiginoso y diariamente es tánta la información que nos llega, hay tánta oferta para de TODO, que es absolutamente imprescindible aprender a discernir y escoger aquello que más nos conviene. Esto, si se hace en consonancia – o coherencia – con nuestro interior, sin duda nos aportará crecimiento, bienestar y felicidad.
Pero elegir es algo que generalmente no hemos aprendido a hacer de forma estructurada y consciente con metas y objetivos en mente.
Tampoco existen completos “manuales” para cómo y qué elegir puesto que cada uno es único y específico. Cada uno tiene su propio cóctel de talentos, virtudes, valores y como no… lecciones y características mejorables J y eso es justamente lo que hace tan apasionante el mundo de las emociones que juega un papel principal en las decisiones que tomamos y elecciones que hacemos. Seamos conscientes o no.

Decía Darwin: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio” y hoy día el cambio se produce a velocidades vertiginosas. En esto juegan un gran papel las nuevas tecnologías que, como individuos, por un lado nos acercan y por otro nos alejan; por un lado nos permiten ser más efectivos y eficientes, por otro dificultan nuestra interacción y los beneficios que aporta la energía de estar cerca. Si nos pasamos, éstas herramientas tecnológicas nos hacen adictos…  Como en todo, jugamos con la cara y la cruz, la luz y la sombra…

Hoy, más que nunca, el qué y cómo experimentamos nuestras vidas depende de nosotros mismos, de cómo gestionamos la información; tanto la que nos viene de fuera como la que nos aporta nuestro interior a través de la mente y del corazón. De cómo gestionamos los miedos, la incertidumbre, el cambio y en definitiva las emociones, los sentimientos y pensamientos, de ello depende nuestra felicidad y destino.

Aumentar nuestro grado de felicidad y satisfacción con nosotros mismos y nuestro entorno laboral, social y personal, a través de un cambio de paradigma que nos empodera en la definición y realización de nuestros proyectos.

 

Los individuos difieren los unos de los otros en habilidad de comprender ideas complejas, de adaptarse eficazmente al entorno, así como el de aprender de la experiencia, en encontrar varias formas de razonar, de superar obstáculos mediante la reflexión. A pesar de que estas diferencias individuales puedan ser sustanciales, éstas nunca son completamente consistentes: las características intelectuales de una persona variarán en diferentes ocasiones, en diferentes dominios, y juzgarán con diferentes criterios. El concepto de "inteligencia" es una tentativa de aclarar y organizar este conjunto complejo de fenómenos.

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